viernes, 29 de julio de 2011

Rebelión de las masas. Síntesis comentada

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Con mi síntesis de la "Rebelión de las masas"
de José Ortega y Gasset,

.. pretendí únicamente reducir a ordenada formulación lo esencial de dicho escrito, editado en Colección Austral, con introducción de Julián Marías muy provechosa para la mejor intelección de la obra de Ortega, y creo haberlo conseguido en suficiente medida.

Conste que para mí la originalidad "del Ortega de Julián Marías" está, más que en sus pensamientos, en que ayuda a entender a otros precursores como por ejemplo Friedrich Nietzsche. Son muchos los aspectos en que a mi entender cabría señalar que Ortega secunda a Nietzsche haciéndolo más inteligible, aunque no coincidan en todo, como por ejemplo en un postulado fundamental referente al derecho semoviente, sobre el que personalmente asumo la tesis de Nietzsche preconizando fijar los valores que deban regirnos a fin de facilitarle a la humanidad futura la maestría para el arte supremo de la vida, en el marco de una sociedad de derecho auténtica en la que cada cual viva según sus merecimientos en función de sus prestaciones al resto social y no por lo que esté robando o haya robado él o sus papitos, como la que querían y estaban elaborando para nosotros nuestros nobles antepasados greco latinos antes de que la mafia católica atentase con éxito en contra de nosotros la gente del pueblo imponiéndonos el desarme doctrinal por el terror y el crimen, sirviéndose de los hombres de iglesia, mediante lo que ellos llaman doctrina cristiana por la que se nos impuso exponerle la otra mejilla a los prevaricadores (ellos, que a tales efectos nos cristianizaron) y relegar la justicia a su invención del más allá, en sustitución de la buena ética antigua que enseñaba que se debe respetar o en su defecto atenerse a las consecuencias.

Si Nietzsche preconizó que se debería de obrar bajo conjuro en contra de su hombre masa (la tesis histórica recogida en su Anticristo, aunque en gran medida equivocada no deja de ser un monumento histórico por la realidad que ilumina y originalidad con que lo hace), posteriormente y en la misma línea Ortega señaló la conveniencia de "lanzarle a la barbarie un ataque a fondo, que no se entere de que lo es ni aunque lo tenga ante sí".

También pienso que mediante el discurso dialéctico al modo de Ortega no se causa en los lectores efecto imperativo en sentido clásico, y a mí Ortega me parece excesivamente dialéctico, pero afortunadamente su obra queda sustancialmente revalorizada por la interpretación que de ella hace Julián Marías. El efecto imperativo como mejor se consigue es mediante el discurso retórico, que se asemeja más a la estricta formulación, la cual obliga a pensar, a no hablar demasiado a la ligera (aunque la consecuencia "natural" de los trabajos retóricos sea la posterior facilidad para el discurso estereotipado y por ello fluido), y en ese sentido Nietzsche fue un retórico supremo que alcanzó en sus trabajos síntesis de múltiples sentidos como ningún otro que yo conozca, lo que denota que retocó muy mucho sus escritos desde una perspectiva bien informada.

En contra de la tesis de Ortega de que: «El dirigir el sacramento de la palabra (el discurso unificador) a la mera e irrelevante humanidad, ¡ignorantes de sus propios limites!, fue la forma más sublime y despreciable adoptada por los intelectuales demócratas descarriados de su tiempo», con éste y mis demás trabajos en curso aspiro, por el contrario, a facilitarle la intelección filosófica de la realidad a quienes la estén adquiriendo, por irrelevantes que sean, porque considero que lo que no es deviene y que para que así sea de la mejor forma de entre las posibles se les debe nutrir sus espíritus con los mejores y más transparentes alimentos espirituales, desautorizando todo lo que suponga basura aunque nos tilden de paternalistas usando de innumerables bocas de sapo a su servicio (y aunque con esto no pretendo desautorizar totalmente esta tesis de Ortega, sí que la matizo).

A tales efectos espero haber logrado que esta síntesis sea apta para que quienes se interesen por estas cuestiones puedan consultar en ella pensamientos cumbre e incluso vislumbrar la alternativa política más deseable, confiando en que usando bien por mi parte de signos y viñetas.

Independientemente de que mi intento trascienda y se le reconozca o no validez, a mí me habrá servido para nutrir y ejercitar mi ya libre pensamiento, pero no sólo a modo de crítico sino también como filósofo y consecuentemente como creador. Ya que de nada valdría hacer el diagnóstico como doctor en filosofía, sin querer además preconizar los remedios para el mal: lo que me parece más propio de eunucos o comediantes que de varones de libre pensamiento con voluntad de crear un mejor futuro y otra humanidad, si la actual, irremediablemente disminuida y/o afectada por retrasos irrecuperables aceptase servir de puente.
  • Que nada hay indiferente se comprueba al recolectar, y si nos han hecho come mierdas mediático-religiosos a lo largo de siglos, no es de extrañar que estemos disminuidos con retrasos irrecuperables incluso los más sabios, y eso es irremediablemente así, se quiera o no se quiera aceptarlo.

Paradójicamente para progresar en la reconstrucción de nuestro deconstruido ente popular por los católicos, deberemos retrotraernos al paganismo antiguo de forma similar a como lo hicieron los romanos: como recolectores de todo lo positivo del mundo antiguo, fundamentalmente de la cultura griega (la de los helenos), a quienes debemos el helenismo los occidentales. No en vano los que sabemos vivimos en un mundo de conocimiento sustancialmente más alto. Pero el pueblo debido a sus ocupaciones y vida familiar no puede configurar hábitos intelectuales convenientes y se merece mejor organización para la vida y mejor alimento espiritual que toda la basura mediática de que nos están imbuyendo la mafia católica, mayoritaria en el marco de las más diversas instituciones de poder gracias a que ellos no se desentienden de sus intereses políticos, todos ellos falsamente populares y para nada favorables a la sociedad de derecho auténtica que quisieron y estaban elaborando para nosotros nuestros nobles antepasados antes de que la mafia católica atentasen con éxito en contra del pueblo hace dos milenios, y sus herederos siguiesen golpeándonos en pro de mantener ese orden de cosas fascista cuantas veces lo consideraron necesario.

También en contra del parecer de Ortega pienso que tenía razón de ser el altar griego dedicado a los dioses desconocidos ("diis ignotis"). Y considerarlo así, además de acto noble y piadoso por parte nuestra como en el pasado lo fue por parte de nuestros mayores la nobleza antigua previa al advenimiento y predominio de la mafia católica sobre la Roma clásica, cuyo modelo a imitar fue la mafia católica de Judea–, es fundamental para en base a la institución de esta innegable realidad fomentar que el fruto de esos potenciales creadores no sea necesariamente condenado a la inmanencia (arpas silenciadas y cubiertas de polvo en oscuros rincones: ¡que melancolía!), en perjuicio de la vida en general que así se queda raquítica o empobrecida para inmerecido beneficio de la parasitaria casta fascista. Porque no es justo ni enriquecedor para la humanidad dejar que se hunda en el anonimato esta clase de dioses antropomórficos, condenándoles así a no trascender. Porque al pueblo le debemos toda clase de instituciones realmente nobles, incorruptas e incorruptibles.
  • Católicos en el sentido universal del término entiendo que lo son las castas dominantes en las más diversas naciones que, sirviéndose de las más diversas religiones, amansan a los pueblos a fin de trasquilarnos con toda impunidad (los que utilizan a tales efectos del judaísmo en sus diversas formas: católicos, protestantes, judíos e incluso el Islam, y también el budismo aunque no sea propiamente religión).

Contra la traba que para gente valiosísima proveniente de bajos estamentos supone el modo en que históricamente operan los poderosos repartiéndose entre sí cargos, honores y las riquezas brotadas de nuestros esfuerzos, reduciéndonos al pueblo a la servidumbre mediante la pobreza y el desarme doctrinal y bélico para mejor sojuzgarnos, caben soluciones. Deberíamos posibilitarle a todos el enriquecimiento cultural en el marco de una sociedad de libre conocimiento telemáticamente configurada, en absoluto mediatizada al modo actual por nada que se parezca a ninguna SGAE (Sociedad General de Autores Españoles) y recuperar muchas de las antiguas instituciones, si paradójicamente queremos progresar como pueblo libre al margen del sistema capitalista por el que todo tipo de fascistas nos esclavizan a lo largo y ancho del mundo actual.
  • La mayor parte del mundillo católico –por ejemplo, los que en la por ellos llamada Semana Santa suelen inundar las calles bajo sus capuchas, los que por los bares en plan dragones guardianes del "statu quo" en un nauseabundo tono de comediantes marujean o hablan de fútbol– no dejan de ser lameculos y comparsas, come-mierdas de su propia mierda en su afán de hacérnosla comer a nosotros: De modo similar a como en el pasado lo fueron las cabras, gansos y cruzados mentecatos que en su momento ejercieron la piratería superior en contra del rico Oriente, con fondos públicos y disfrazados de redentores de gente infiel, bajo el mando de los autodenominados nobles de su tiempo, que antaño como hogaño eran los que realmente se beneficiaban de todo tipo de estupidez e iniquidad humanas.

Dicho altar era, pues, por parte de los antiguos, además de un respetuoso y piadoso acto para con la realidad natural (o naturaleza toda, que era lo que en general informaba con sus celebraciones el paganismo entero mediante sus calendarios míticos), un posible estímulo clarificador tendente a evitar en lo posible que esta clase de dioses ignorados pereciera en el anonimato sin participarnos sus frutos, empobreciéndonos así al pueblo por la privación de sus creaciones. Y ello por falta, más que de mecenas, de los debidos festivales al modo griego en los que poder exponer sus obras los diversos creadores –tanto los ya acreditados como los noveles–, a fin de preservar únicamente aquellas que alcanzasen un valor cultural cierto y suficiente, mandando el resto a la hoguera con voluntad positiva y firme de limpiar del marco social toda la posible porquería: Con que en la actualidad deconstruyen el ente popular los católicos de todo tipo, reservándose para sus centros formativos de elite la información que realmente forma, con la finalidad de preservar este inicuo "statu quo" en el que tan bien les va a costa de los demás, quienes por esos medios nos vetan la recta y más alta intelección de las cosas humanas. (Similar que no idénticamente a como obró la mafia católica que, en los inicios de esta bi-milenaria e inicua historia, o bien quemó o acaparó para sí obras valiosísimas de los antiguos, en su afán obscurantista.) Que nada hay indiferente, se comprueba al recolectar:
  • Si a la gente se le enseñan tonterías, la gente acaba infantilizada e imbécil, –incluso con graves problemas mentales, como en el cristianismo y similares, que emplazan montañas donde no las hay–. Y si como en la actualidad, sirviéndose desde el poder mediático de todo tipo de charlatanes o de un cúmulo de maricones y marujas en clave de histéricos, que prostituidos por mínimas ganancias o ventajas a fin de alienarnos al pueblo de nuestros intereses políticos imparten intensivamente en nuestra contra el marujeo, el fútbol y todo tipo de seudo arte, entonces logran convertir a muchos en animales de piara que impúdicamente hocican en lo que de supuestamente vergonzoso o sucio pueda haber en toda vida (como si el pretender sentirse así ellos más limpios o más morales que quienes supuestamente viven su vida como descarriados, o quienes inmoralmente nos extorsionan, fuese suficiente para redimirnos de la inmunda servidumbre impuesta por los católicos) o en molestos enfermos aptos para los médicos alienistas (de hecho el 46% de las camas de hospital en Norteamérica están destinadas a enfermos psiquiátricos).

Así nos va al conjunto, que jamás se llegó a tanta barbarie a nivel de formación como de organización social y de respeto al medio en que vivimos (especulación y consiguiente barbarie urbanísticas, contaminación espiritual y del medio por el mercantilismo a ultranza que nos rige, etc.), y ello para que esta innoble casta que se confiere a sí todo título de nobleza o cargo elevado, pudiesen prevaricar innoble e impunemente contra el pueblo y engordar parasitariamente a nuestra costa por mor de la corrupción histórica –sistemática y continuada– de aquella sociedad de derechos auténtica que querían y estaban construyendo para nosotros nuestros nobles antepasados greco-latinos antes del predominio de la mafia católica en la Roma clásica. Y todo ello sin ente o entidad popular reales que oponerles efectivamente por parte nuestra (con esa y no con otra finalidad deconstruyeron al ente popular los católicos).

Hacia el paganismo antiguo debiéramos retrotraernos si queremos, paradójicamente, progresar. Y si nos empeñásemos quizá pudiésemos hacerlo de mejor manera aún que lo hicieron los romanos a imitación de los griegos: sus maestros o padres espirituales. No en vano los que en realidad sabemos vivimos en un mundo de conocimiento considerablemente más alto, gracias tanto a esta lamentable experiencia histórica de dos milenios, como a esos potentes ojos y oídos que son la radio y el telescopio y a ser posteriores a Albert Einstein y consecuente confirmación atomística de que somos, en el eterno devenir de la vida, consecuencia de las inconmensurables explosiones atómicas y consecuentes grandes ciclos de vida eterna –anteriores como subsiguientes a estas explosiones–, sólo en limitada medida posibles de conocer aunque no de intuir, como ya los intuyeron en medida suficiente nuestros antepasados del paganismo, nobles como no lo es la mafia católica.

Y aquí pongo fin a mi introducción..



.. y comienzo mi síntesis, comentada, de "La Rebelión de las masas" de Ortega y Julián Marías

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En el concepto masa rebelde se incluye a aquellos científicos y técnicos (médicos, ingenieros, financieros, profesores, etc.) que, "absorbidos por la actividad en la que están altamente especializados", perdieron en su mayoría contacto con una interpretación integral del universo, por considerar diletantismo a la curiosidad por el conjunto del saber. Lo nocivo de ellos es creerse sabios y superiores, también, en el resto de los campos a los que no dedicaron curiosidad filosófica. Curiosidad filosófica para con la política: destinada a organizar y motivar socialmente, u otras artes, ciencias y usos sociales como la religión(!-aquí me parece un tanto facha el Ortega) y las ya aludidas medicinas, financiación, ingenierías, enseñanza...
  • Señala la también nociva consideración por parte de la masa de que la civilización es un producto natural y no algo que hay que cultivar para que se conserve (o desarrolle).
  • Señala que la rebeldía es el hermetismo de la masa; la tontería de auto satisfechos, no carente de listeza, a la que por falta de perspicacia no dedican el esfuerzo continuo que ésta necesita para ser superada. Y que la sordera y cerrazón «para con lo que está más allá de ella, para con lo superior y realmente capaz de regir el proceso de la civilización» será cada vez más la actitud de la masa. Señala que esa es la realidad que se debe analizar para una posterior actividad política.
  • Aclara que el concepto masa se corresponde con la eterna realidad de los más (con el gran número, la gente más sensual y primaria), a la que contrapone la no menos eterna realidad de los menos (minoría compuesta por los más espirituales), y dice que el hombre es un ser constitutivamente forzado a buscar una instancia superior: una filosofía auténtica (única cosa que puede salvar a Europa (y no sólo a Europa como después deduciremos). Nos dice que dicha auténtica filosofía sólo los excelentes la encuentran por sí mismos, y que a ellos corresponde: a) ser los grandes motores de la historia, y b) la inmortalidad en el único sentido vinculante, que es el sentido histórico.
  • Redunda diciéndonos que los hombres selectos y nobles son los únicos activos y no meramente reactivos, hombres para quienes el vivir es una perpetua tensión e incesante entrenamiento (espiritual), y que de ellos surgieron algunas cabezas eminentes que el cuerpo central de Europa parece no querer ponerse sobre los hombros, con peligro de agudizar el desequilibrio entre los problemas históricos y la capacidad de resolverlos.

Nótese que no critica lo nefasto de los 2.000 años de cristianismo que sabía padecíamos, como catedrático sutilmente católico condicionado socialmente por las relaciones que le posibilitaban ganarse tranquilamente un sustancioso pan, hasta que la reacción republicana en contra del golpismo católico-fascista acabó con su neutralidad forzándole a posicionarse (aunque muy tibiamente). Afortunadamente tengo mi tesis de cómo conseguir escindir la historia de la humanidad por implantación de otra filosofía realmente popular, no al modo de Juan el soñador que, aunque quede bonito, no pasa de ser el enunciado de un sueño. Por supuesto se deben querer los medios similarmente a como los supieron querer para nuestro mal los fascistas que nos impusieron el inicuo verticalismo histórico que nos toca padecer a los pueblos en su pro, para que podamos comenzar a computar otra era realmente favorable y por ello más conveniente a nosotros el pueblo en general.

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Quedó dicho que la peculiaridad de las minorías selectas es la civilización. También explica que ésta, la civilización, consiste en la voluntad de reducir la fuerza, o razón exasperada, a la última razón, para utilizarla únicamente cuando todas las demás se demuestren inútiles. Señala que lo contrario es barbarie y primitivismo; que la "carta magna" de la barbarie es la fuerza como norma, casi como la única razón; la voluntad de imponerse directamente sin apelar a otras normas o principios rectores «única forma en la que sabe intervenir la masa, la cual odia todo cuanto no es ella y consecuentemente también a las instituciones encargadas de administrar las normas o principios rectores propios de la civilización». Dice que bolchevismo y fascismo son primitivismo, movimientos típicos de hombres masa y no movimientos inducidos por hombres realmente selectos y capaces de conducirnos al mejor de los futuros sin caer en el mayor de los peligros, que no es otro que la violencia de Estado.

Considera que lo único positivo de esta rebelión es que significa una mayor naturalidad en las relaciones, una reducción a lo auténtico en todo (vida pública, política...), reducción que puede forzar a que todo funcione mejor, de forma más sencilla y simplificada, con menos protocolo, burocracia y órganos.

Explica que debido a que somos herederos de un pasado larguísimo y genial en inspiraciones y esfuerzos de individuos excelentes que contribuyeron al mundo actual, el hombre masa no alcanza a ver en las ventajas de la civilización un invento y construcción prodigiosos que sólo con grandes esfuerzos y cautelas, y el soporte de los hombres adecuados, se puede sostener. Considera naturaleza a la organización que le proporciona el bienestar, "y por ello se limita a satisfacer sus deseos como quien para obtener pan destruye las panaderías", sin obligarse ni solidarizarse con nada, por lo que si su tipo dominase se volatizaría rápidamente la magnífica construcción.

Indica, ¡y ello para evitar que el hombre masa: cuya vida nos hace ver que va a la deriva, sin proyectos, que nada construye y que carece de la sensibilidad para los grandes deberes históricos, mande aquí como sobre un paraíso sin huellas antiguas ni problemas tradicionales y complejos!, que es necesario que los responsables de los más de los más desbordantes factores adversos tengan la previsión de la que carecieron quienes dirigieron el siglo XIX, y lanzarle a la barbarie un ataque "a fondo" que no sospeche que lo es ni aunque lo tenga ante sí. (Si la característica fundamental del siglo XIX [1801–1900] fueron sus fuertes cambios en todos los ámbitos de la vida y el conocimiento, anunciados y gestados en el pasado pero que se efectuarían, una ideología que se conforma como movimiento político-social en toda Europa a partir de la Revolución Francesa [1789], concretamente aquí me parece muy facha el Ortega).
  • Similar decisión mediante conjuro a la que preconizó Nietzsche al analizar más pertinentemente a este tipo de hombre, usando fundamentalmente de los conceptos "reactivo, nihilista y cristiano" como realidades propias del hombre creado por la criminal filosofía que se pretende superar, de cara al logro de un tipo de hombre muy superior al que por castración intelectual lograron las mafias fascistas a fin de servirse de nosotros en su pro. (A ellos les reprocha Nietzsche, mucho más noble, el daño que nos causaron permitiéndose trabajar sobre el hombre o ente popular como lo hicieron).
  • Dicha decisión sigue siendo válida en la actualidad, pero a fin de poder acabar con la corrupción de la sociedad de derecho que quería y estaba elaborando para nosotros sus herederos la nobleza de la Roma clásica, antes del advenimiento de la mafia fascista que, sirviéndose criminalmente de los hombres de iglesia al modo sacerdotal judío, consiguió imponernos el desarme bélico y doctrinal: con lo que implica de manipulación de toda realidad histórica. Es muy importante no perder de vista que estamos ante manipuladores profesionales, para que las mayorías intenten cerrar sus grandes orejas: que más que de asnos a veces parecen parabólicas, porque los católicos tienen todo bajo su control y prestarles oídos implica algo así como el suicidio intelectual de las personas, y así nunca lograremos ese necesario tipo de hombre superior al actualmente alienado por los fascistas hasta el aborregamiento e incluso la enfermedad psiquiátrica.

Concluye Ortega que la política de su tiempo, el derecho, el arte, la moral y la religión están en crisis y transitoria falla. Y que aunque la ciencia cumple más de lo que promete, solamente la victoria de la filosofía adecuada (en última instancia traducida en leyes e instituciones rectoras) puede impedir que el hombre masa y su mencionada incapacidad para regir el proceso de la civilización, incapacidad para regir el mantenimiento y/o desarrollo de tecnología y ciencias (naturales, normativas, etc.), posibiliten el que nos "traguemos" todo lo conseguido. Teme que se volatizarían las técnicas jurídicas y materiales cual se perdieron tantos secretos de fabricación, y que en consecuencia la abundancia se convirtiese en mengua, escasez e impotencia angustiosa, en verdadera decadencia. Nos dice que ello es así, debido a que la civilización requiere de artistas o artesanos, así como de gente "de larga memoria" (la histórica) que la sostenga, para que la naturaleza auténtica no aparezca bajo el cuidado tapiz que es la civilización.


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Redunda en que su obra es previa a la política cuando señala que el relieve de las naciones son sus grandes hombres (Shakespeare, Goethe, etc.) y que el dirigir el sacramento de la palabra (el discurso unificador) a la mera e irrelevante humanidad: ignorantes de sus propios limites, fue la forma más sublime y despreciable adoptada por los intelectuales demócratas descarriados de su tiempo (demasiado facha). Y pone a Job preguntando a los viajeros y mercaderes cosmopolitas con que trataba: ¿Sabéis de algún lugar del mundo donde la inteligencia exista?

Insiste en el máximo peligro, el de la violencia de Estado, al manifestar su temor de que el Estado secunde al hombre masa en sus ansias niveladoras y aplaste a toda minoría creadora que lo perturbe en cualquier orden de cosas (política, ideas, industria...). Avisa que ello significaría la desaparición del Estado debido a la desvitalización implícita en el aplastamiento de la vitalidad activa. Y, como ejemplo histórico, nos remite al estatismo con el asevera que los Julios y Claudios aplastaron en el Imperio Romano la libertad creadora al servicio del Estado. (Vaya! menos mal que no le dio por mentar las hogueras católicas). La libertad creadora de aquella reciente y prodigiosa creación, mayor que la actual "Unión Europea".
  • De la que asevera similarmente a como hace Nietzsche que no se pudieron recoger los frutos por causa del movimiento de masas llamado cristianismo (inducido por instancias sacerdotales judaicas), que propició que entrase en decadencia la organización lograda a base de la sangre y valor romanos prodigados a lo largo de siglos en honor de la "pax romana" y demás dioses del paganismo, por los que se explicaba de forma cada vez más inteligente toda realidad natural. Venció el hombre masa y su Dios del monótono-teísmo cristiano que nos remite “al más allá”, a otro mundo o vida distintos al nuestro. Venció ese "Dios" hecho de cero, concepto y contradicción a la vida.)
  • Pero tanto él como Nietzsche se equivocan al imputarle a la masa dicha escisión histórica, ya que el cristianismo no es sino que el desarme doctrinal impuesto criminalmente por los católicos a fin de hacernos al pueblo esclavos suyos al modo sacerdotal judío: Cristianismo por el que se nos enseña a esperar intervenciones mágicas o divinas sobre las asuntos humanos y que, moralizados hasta el infantilismo o el aborregamiento, adormecidos por ese opio que son las religiones, no reaccionemos contra los abusos sistemáticos a que históricamente nos someten los auténticos causantes de la caída del imperio romano y de que sus frutos, realmente favorables a nosotros, gentes de los más diversos pueblos del mundo, se hayan malogrado. (Dicho sea a fin de apuntar pertinentemente hacia los criminales y auténticos causantes de que toda una labor previa a base de honradez, sangre y valor romanos se malograse.)

Hace contraposición psicológica y algo de etimología, cuando expone que el noble aspira a ordenación y ley, que su rasgo distintivo es el no querer la vida gratis (hecho que considera de plebeyos), y que por ello se obliga a ponerla al servicio de algo a cambio de ser correspondido con un derecho privado o privi-legio. No un favor o concesión, sino un privilegio que él sería capaz de reconquistar en todo instante, dado que los derechos impersonales se tienen mientras que los personales se sostienen por el propio valer.
  • Aclara que el concepto nobleza no hereditaria es, pues, dinámico, vivo, no inerte, que dicho concepto se refiere al famoso por su esfuerzo. Mientras que la nobleza hereditaria es sólo una incitación a mantener pasados esfuerzos. Que en consecuencia la nobleza obliga, y ello aunque sea por diferentes imperativos según los casos. Redunda diciéndonos que el hombre selecto se exige más: aunque no lo logre, que el hombre masa; el cual nada se exige de perfección o especial. Señala que no es raro encontrar entre los obreros almas egregiamente disciplinadas. Trata, pues, de las tendencias "ascendente o decadente" de la vida, del camino que se sube o se baja y que es uno y el mismo, del que habla Heráclito el Oscuro, el de Éfeso (según expongo en la poética portada que diseñé para ésta y la anterior obra, pero que no parece posible participarles aquí). Trata de dichas tendencias refiriéndose a la vida y sus formas de llevarla (¡verdades eternas son!) cuando postula que: «Dado que somos una verdad de destino (meta o futuro a que encaminarnos), debemos ser auténticos para realizarnos lo más plenamente sin degradar nuestra vida biografiable (que no la biológica), en vez de quedarnos en un egoísmo vacío y laberíntico: cual un náufrago a la deriva "sin puerto" al que dirigirse desde alta mar»;
  • y previene que, el egoísmo positivo implica dureza con que plasmar lo que se emprenda y el no tener nuestra vida disponible para los demás de forma altruista y estúpidamente desinteresada.

Señala la inautenticidad del hombre masa moderno, su ser no trágico, dado que no obra con carácter de irrevocabilidad. Que la inseriedad y la broma que lo caracterizan hacen que sea un ser vil, considerando como envilecimiento el suicidio de lo auténtico. Nos hace ver que el cínico es un farsante nihilista y anarquista de la civilización, que el fascista es un antiliberal farsante que ataca la libertad convencido de que ésta nunca le faltará, y el superrealista un antiartístico.

Equipara a la civilización con una casa en la que se mima al hombre que, después, caprichosamente, no escucha instancias externas superiores a él.

Aclara que la sociedad, en la medida en que sea sociedad (¡otra cosa es el Estado!, nos dice), es siempre aristocrática. Que la igualdad constitucional es un hecho nativo de América, la cual, lejos de ser porvenir, es un remoto pasado, más aún la del norte que la hispánica. Que cuando la masa actúa es para linchar y que no es casual que la "Ley de Linch", americana, provenga del paraíso de las masas (pienso que son bastante discutibles estos asertos en contra de la igualdad ante la ley y en contra de que el pueblo no pueda hacerse la justicia que las instituciones le deniegan sistemáticamente, pero no voy a tratarlo aquí para no extenderme en exceso).

Descarta que las ciencias tengan valor normativo (regulador del comportamiento), explicándonos que son claras por ser abstractas, pero que no son cabezas claras quienes de ellas hablan y si quienes sean capaces de orientarse con precisión en cada realidad vital concreta, que es siempre única.
  • Consiguientemente señala la débil capacidad intelectual del ser humano (a un sueño semejante, creo que en decir de Sófocles), cuyas ideas taxativas sobre las diversas materias son únicamente juicios sin fundamento (del tipo de los juicios sintéticos a priori, "con los que tranquilizarse con respecto a las diversas cuestiones", pero no con los que destacar la verdad sobre ellas). Consecuentemente juicios no validos para orientarse en el laberinto de la vida, laberinto en el cual estarán perdidos: cual el consabido y mencionado náufrago a la deriva, quienes no sepan dónde está lo firme. Lo firme es una auténtica filosofía rectora, fundamentada en el conocimiento real, nos dice.

En donde explica cómo se gestan los Estados (después se trata), nos dice que las dos únicas cabezas claras del mundo antiguo fueron Temístocles y César, ambos del tipo de los grandes empresarios capaces del concebir previo al crear. También expone que el problema de la Europa actual es que ha dejado una moral sin acogerse a otra superior (yo, inmoralista, prefiero hablar de una normativa superior que nos remitiría directamente a la psicología y al tipo de hombre futuro que se pretenda obtener; y el criarlo, domarlo, castrarlo, etc. como vertientes del problema) y que como consecuencia el hombre masa no se considera obligado a nada, desprecia la inteligencia superior y ejerce el chantaje de la violencia y del humorismo como forma de eximirse y de no supeditarse a nada. Cual vividor parasitario, nos dice, que niega lo existente sin presentar alternativas. Cual ente privilegiado, "al modo del niño mimado" que ni hace ni crea nada que justifique sus privilegios (enorme hurra aquí para Ortega).


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Aclara que las épocas clásicas –o normativas– lo son debido a los venerables principios que las informaron (habla de la "Edad de Oro" grecolatina para nosotros y de la "Alcheringa" para los salvajes australianos). Nos dice que se está dando un gigantesco proceso de unificación desde el Siglo XVI, época "Edad Moderna" de hegemonía europea. Que en el mundo manda Europa, las superiores normas europeas. Y que cuando los pueblos masa se liberan del mandamiento europeo (aquéllos sobre los cuales aflojó su presión Europa -!-), es como si se entregaran a cabriolas de niños sin quehacer, «dado que sólo cuando los reyes construyen (cabría decir igualmente todo lo grande y creador), tienen quehacer los carreros».

Nos explica su concepción del Estado como movimiento que traspasa fronteras hacia unidades cada vez mayores, desde la sociedad natural (ordas y tribus) hasta la polis (ciudad amurallada) en torno al ágora (plaza), las comarcas, ducados, reinos o naciones... Concibe el Estado más que como homogeneidad política no necesariamente centralizada, como empresa y homogeneidad abstracta de jurisprudencia gestada de la heterogeneidad por grandes empresarios imaginativos, cual sucede con los hombres cuyo prototipo es César (menos mal, ya no parece ser uno de los Julios que criticó negativamente), prototipo al que contrapone el de su asesino Bruto y la nobleza conservadora a que pertenecía, nobleza incapaz de innovar sobre su concepción clásica de dominados y dominantes con un príncipe como primero entre iguales. Dice que malentendieron la originalidad de lo concebido por César, tanto ellos (y menciona de su hijo adoptivo Augusto la forma de principado que le dio al imperio), como sus biógrafos: que lo malinterpretaron como epígono de Alejandro macedonio (al cual, dice, lo unía tan solo la idea del imperio y no el cómo organizarlo). Y concluye que el próximo paso para Occidente es la "Gran Nación Europea" (los Estados Unidos de Europa), regida por un programa de vida que oponer al comunismo basado en las aspiraciones individualistas que son tradicionales de los europeos: en la auténtica libertad de que ya disfrutaban los griegos en la mayor de las medidas; que no de la que los fachas llaman libertad, pero refiriéndose a la suya a costa de nosotros como esclavos.

Expone cómo del inicio de la decadencia romana dan clara cuenta el poeta Horacio y la propia "Historia de Roma", la cual hubo de recurrir para cubrir sus plazas de centuriones a los dálmatas primero, y luego a los bárbaros del Danubio y del Rin (válido para que se vea lo conveniente que será para la futura sociedad de derecho auténtica: si lográsemos alcanzarla, el no delegar el pueblo en terceros el cuidado de sus intereses).

Señala que el enorme ámbito de las circunstancias o posibilidades en que se desenvuelve la vida (ámbito del que, tanto en lo individual como en lo colectivo elegimos y alcanzamos a realizar sólo una mínima parte), hace que Europa se sienta decadente sin estarlo realmente. Al respecto nos dice que Europa está en interregno, en un vacío entre la organización de mando histórico que fue y la que va a ser. Que la crisis europea es debida únicamente a su estado de transición hacia la unidad de sus naciones, unión con la que soslayar el peligro de perecer como civilización. (Paréceme estar escuchando a otro Nietzsche cuando Ortega nos dice que, la coleta de un chino asomando por los Urales, o una sacudida del magma islámico, podrían inducir a que la antigua realidad que es Europa se consolidase más rápidamente como Estado y además se potenciase en pro de aún más grandes logros en los diversos órdenes economía, etc., y particularmente en el ámbito de la política parlamentario democrática(!): Considerándola Ortega como algo parecido a un plebiscito cotidiano y a una empresa abierta al futuro, en vez de como una imbecilidad y/o una burla sistemática que se nos a la gente de los más diversos pueblos.) Previene que podría malogrársenos a ejemplo de Borgoña, o incluso limitarse a conservar una suprema tradición sin alternativas válidas; pero que no hay otra opción, que es necesario mandar con el beneplácito popular indicado ya por Maquiavelo, que es necesario mandar desde la potenciación suma de las asambleas legislativas que permita codificar pacíficamente la normativa que regirá el futuro.

También señala a nuestro tiempo como poseedor de todos los talentos "excepto" del talento para usar de ellos, por lo que no considera descartable el peligro de retroceder a la barbarie (el decaer, la decadencia). Nos dice asimismo: ¿por qué no señalarlo aquí?, que debido a la velocidad y los medios audiovisuales ni siquiera las aldeas son ya lugares aislados (hoy es ya corriente el decir que vivimos en una aldea global). Y que aunque Europa debe a Descartes el racionalismo cartesiano (la razón matemática, física y biológica), este racionalismo no alcanza a tratar los asuntos propiamente humanos si no se integra en la más radical razón histórica (larga memoria que hace posible al hombre superior). También asevera que es la memoria normal la que diferencia al hombre de las bestias (¡si las bestias hablaran sobre bestialidades!).



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De la sociología inglesa dice que es un orden extra psicológico no concerniente al tipo humano que ha sabido crear. Señala a la ingente cantidad de medios que estamos obligados a manejar como causa de que la prioritaria formación individual no se consiga (en realidad sucede que se quieren formar jóvenes al servicio del Estado antes que como personas, pues la libertad se quiere sólo para las elites sociales y al resto a su servicio).

Se posiciona contra el arte nuevo(!), el arreglo y elegancia a ultranza con desprecio y maltrato de lo espiritual (la aspiración inglesa a la felicidad: al confort [comodidad] y fashion [elegancia], sobre la que ironiza Nietzsche) y la manía por el deporte. No contra el deporte en sí, pues, sin dejar de señalar que el principio formador de estados equivale a proyectos de vida (quehacer, conducta...), hace referencia a otro trabajo suyo en que habla "Sobre el Origen Deportivo de Estado" en el que explica cómo el entrenamiento de los jóvenes romanos acabó en cosas como el rapto de las sabinas para esposarlas, dado que eran refugiados huidos de los griegos sin medios económicos. También explica en qué consiste lo que Nietzsche denomina claramente de gazmoñería inglesa: cautelas, eufemismos, en insinuar más que en decir lo que se dice y como eludiéndolo. Y además contrapone al aticismo (logos, decir) el laconismo inglés: que dice que es como una serie de maullidos disciplentes (Nietzsche dice que el inglés es taciturno y más sensual, fuerte de voluntad, brutal, vulgar y piadoso que el alemán).

Ortega ve la guerra como disciplina y enorme esfuerzo para resolver conflictos, al pacifismo que así no lo vea como mera beatería, y tilda de enorme error al pacifismo inglés que aboga por el desarme sin más. Redunda en que hoy que aspiramos a superar la guerra vemos en ella algo a maldecir como de la esclavitud, la cual, dice, en su momento fue un maravilloso adelanto con respecto al matar a todos los vencidos, y que aquí se contrapuso Augusto Conte a las tonterías de Rousseau. Ve a la guerra evitable tan sólo a costa de un esfuerzo aún mayor para construir la paz, y que ambos esfuerzos requieren de la venturosa (afortunada) intervención del genio humano. Y alaba la finura con que los romanos consagraron el llegar (a Adeona) y el irse (a Abeona), como insinuando que cabe esperar que así suceda con la guerra.

Diserta aclarando que patricio (o hidalgo) y proletario significan ser hijos: herederos los primeros (determinadas leyes de primogenitura siguen posibilitando que sean los primogénitos los herederos de la propiedad para que ésta no se divida) y los proletarios como meros descendientes o prole (porque estúpidamente permitimos que la industria tenga dueños que nos hacen esclavos al pueblo, sumiéndonos en la inseguridad material y mínimas ganancias de lo que producimos sin importarles un comino a los primogénitos nuestra esclavitud mal pagada: Una hermandad de mierda, a la que no debemos vincularnos los proletarios porque supone aceptar sin remisión la actual esclavitud por el sistema capitalista). También diserta sobre el desarrollo tecnológico, fundamentalmente el de los mencionados medios de comunicación (recuérdese lo dicho sobre la aldea global). Asimismo lo hace sobre la influencia del grado de masificación en las formas interpersonales del saludo (desde los que se hacen desde muy lejos en los desiertos, hasta el beso, genuflexiones múltiples, etc., en otros lugares). Pero lo destacable es el cómo diserta al modo de Maquiavelo sobre lo certero que es el corazón de cada pueblo con respecto a sus propias vivencias nacionales. Consecuentemente acaba sosteniendo que la injerencia de la opinión pública de unos países en la vida de otros, no regida aún por una técnica jurídica "adecuada al cambio de distancia entre los pueblos", es hoy un factor impertinente, venenoso y generador de pasiones bélicas. Critica la incongruente intervención inglesa en los asuntos de la España de su tiempo, y en consecuencia recomienda un, a su juicio, saludable guardar las distancias en lo relativo a las cuestiones internas de cada nación (lo del saludo, como hecho respetuoso, venía en apoyo de esta tesis).

En el uso y costumbres ve los hermanos mayores del derecho, pero menos enérgicos, y preconiza una forma más avanzada de internacionalismo que la abstrusa intentada hasta su tiempo; una nueva técnica jurídica basada en un acuerdo para la unión de las naciones que deje al Occidente todo su rico relieve sin laminarlo. Para él Europa preexiste al derecho que la ha de regular y aun antes que las naciones que han nacido en su seno; pero cuando preconiza como brotada de dicha unión una nueva fe, como poder creador de la historia, reconoce implícitamente que cabe diseñar la Europa del futuro. Para ello recomienda que, oyendo a esa especie de profeta que es el filósofo, gobiernen los políticos y que buenos doctores (dice médicos que, basándose en el aspecto patológico de la historia "debido a la sempiterna lucha entre paralíticos y epilépticos") codifiquen un derecho semoviente, elástico, con márgenes que permitan el dinamismo en derecho; una nueva técnica jurídica equitativa respecto a los cambios de poder sobre la tierra. (Difiero de Ortega a este respecto por considerar vinculante la indicación de Nietzsche de acabar fijando las valoraciones que más convengan a la vida y su elevación, en vez de dejarlos fluctuar indefinidamente, para posibilitar así a la humanidad futura la maestría para el arte de vivir acordemente a la mejor de las tradiciones debidamente instituida.)

Menciona asimismo los bíceps de los gendarmes y sus sucedáneos (!), haciendo referencia a la necesidad de instituciones encargadas de aplicar el derecho haciéndolo respetar (como ya conocen mi tesis de que el pueblo debe convertirse en guardián de sus intereses cuando consiga sacudirse el yugo católico, no voy a rebatir la tesis de Ortega extendiéndome aquí más).

De la monarquía inglesa ensalza la función altamente eficaz de simbolizar el avanzar evolucionando, sin anacrónicas e involutivas rupturas revolucionarias, que precisan siempre de restauraciones tipo del Renacimiento. Indica que Europa necesita conocedores de la historia que, repugnando de todo gesto arcaico, "de tipo conservador o del vulgo rebelde", eviten recaer indebidamente en errores históricos. Y señala que se equivocan los arcaicos nacionalismos que pretenden "poder obrar libremente, sin atenerse al concierto internacional". De Nueva York y Moscú dice que son parcelas disociadas del mandamiento europeo. Que Moscú está a siglos de poder crear un sistema de normas superior al europeo. Y que la tecnócrata América deberá aún pasar por muchos conflictos, disensiones, angustias (en resumen sufrir), sin omitir que los americanos no podrían continuar la ciencia si Europa desapareciese (recuérdese su crítica a la barbarie).



Sobre los apéndices

A).- En el que asegura que "los escaparates mandan", analiza las limitaciones que el dinero tiene como factor de poder. Nos dice que es más determinante la oferta que el poder del dinero, informa que, si hoy poseen el dinero los judíos y son los amos del mundo, también lo poseían en la Edad Media y eran la hez de Europa, "debido a que otras energías informaban la convivencia humana". Que tampoco en el tiempo de César eran los caballeros la cima de la sociedad a pesar de ser los más ricos, debido a que el verdadero poder emana de la raza, la religión, la política y las ideas. Que el dinero es una de las fuerzas principales en el equilibrio de todo edificio colectivo, pero que no es la musa capaz de inspirar, por sí misma, la arquitectura de la sociedad. Que el dinero se reparte según esté repartido el poder social, y que por ello va al guerrero en la sociedad belicosa, al sacerdote en la teocrática... (Todo ello me parece vinculante.)

B).- Filia las épocas, en cuestión de edad y sexo, a mi juicio de forma pueril: Tomando como factor determinante lo anacrónico en modas y modales. Me explico:
  • La masculinidad de una época, repito que a mi juicio, tiene que ver con la capacidad de dicha época para introducir el germen de nuevos valores culturales. Al valorar así tengo en cuenta que "el aclarar las cosas" fue, hasta la actualidad, cometido de varones.
  • La feminidad de una época creo firmemente que está determinada por su capacidad de enamoramiento, acogida y posterior alumbramiento del germen acogido.
  • Considero que tampoco acierta al valorar sobre la edad de las épocas como lo hace (tomando por determinante lo anacrónico en modas y modales). No acierta a señalar que dicha edad (joven, adulta o senil) tiene que ver con la pujanza, madurez o decadencia de una cultura dada.

C).- Después, y siempre a mi juicio, sí que acierta en la crítica a los desviados de sus instintos viriles, tildando de patológico al desviamiento sexual, al afeminamiento masculino y feos vicios afines a éste. ¡Quede dicho aunque a ello se oponga "cierta clase" de moderna psiquiatría! A mí me parece patológica y una triste aberración natural: similar al "Síndrome de Down", el que existan locas cabezas femeninas sobre cuerpos masculinos y viceversa, o vicios vergonzantes en los que no se debería caer para evitar traumas contra la propia integridad moral.

D).- Asimismo acierta al indicar que se debe vivir creadoramente (él dice con proyección de futuro), cuando lo tradicional deba de ser superado, en consecuencia de forma no absurdamente apolítica. Y es en este marco donde señala como acertado un hecho fundamental de la cultura helénica griega: Aprueba como acierto el que en la Grecia Clásica se organizase todo en torno al efebo, teniendo junto a él y como potencia compensatoria al hombre maduro que lo educa y dirige (los católicos eso no lo quieren, motivo por el que estigmatizan el "paternalismo" y emplean ingentes recursos para el obscurantismo de todo tipo). Ortega ironiza contra el tragicómico organizar centrándose los adultos en el disfrute e imitación a ultranza de lo juvenil, "incluso en la indumentaria", despreocupándose de preparar adultos responsables (logrando en consecuencia adultos ineptos). Lo determinante de lo que aquí cuestiona es, a mi entender, la moraleja a deducir: La necesidad de organizar la vida para los diferentes clases, sexos, edades(!); para la masa o la selección; para la vida decadente, dedicada a los placeres y el vicio, y abocada a las enfermedades y a la pobreza; o para la vida ascendente, del ente positivo que se esfuerza... (No hay por qué imponer "las diferentes necesidades y formas de entender la vida", ni tienen, en resumen, porqué coartarse las libertades.)

Es todo para aquí

Felicidades y ojalá que os aproveche la lectura, similarmente a como a mí me aprovechó el estudio que supuso este enorme trabajo

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