domingo, 22 de julio de 2012

Criminal el uso que se hace del poder

Para aquellos que no se hayan percatado, quiero decirles que estamos siendo sometidos a una guerra de exterminio masivo, por la política antisocial de todo tipo a que nos someten tan cínica y descaradamente los plutócratas del poder político-fascista que padecemos por casi todo el mundo, a la que no deberíamos de someternos mansamente. Eso y no otra cosa significan los recortes sociales, el latrocinio de lo público por las privatizaciones o reflote de bancas "mal gestionadas" a costa del erario público, los créditos para obras públicas a grandes intereses: como los que se gestionaron para las obras de Madrid por el gobierno de Alberto Ruiz-Gallardón (cuando hubiera podido hacerse con dinero fabricado a tales efectos por el estado a interés cero), los graves delitos que se dejan prescribir (o se castigan con penas ridículas -tarde, mal y nunca- a fin de darles una cierta apariencia de enjuiciamiento; porque donde media el dinero no se juzgan los hechos, sino que se pintan a conveniencia de cuantos se reparten el botín así obtenido); para que después Instituciones Penitenciarias, por el procedimiento que ya expliqué, ni siquiera les hagan pagar tan ridículas sentencias (etc., etc.). No deberíamos someternos a estas formas de abuso de tan larga historia (dicho sea para que... quienes viven únicamente en su época o incluso ni siquiera se percatan de ella -porque pensar a-históricamente no es pensar lo suficiente-, se esfuercen un poco en pensar con sentido histórico); no deberíamos someternos a estas formas de abuso his-tó-ri-cas, dirigidas en contra de gente sojuzgada e indefensa, si es que queremos un futuro de belleza, bienestar y seguridad generalizados. De ahí la conveniencia de formar ese partido político que preconizo, a fin de cambiar por nosotros la realidad, y no seguir encomendándoselo a esa zorra al cuidado de las gallinas que, un poco poéticamente, se podría considerar que lo son las mafias del poder al uso (preferible sería tener dictadores en lugar de estos farsantes, y así nadie se llamaría a engaños con respecto al blanco al que deberíamos de dirigir nuestros más crueles ataques).

Las actuales mafias del poder deberían ser desautorizadas por el pueblo a la mínima demora y obligadas a restituir todo cuanto nos robaron. Un poder que nos ha llevado al pueblo al estado de cosas actual: por el latrocinio de las privatizaciones y la corrupción sistemática y generalizada de la sociedad de derechos que se quería para todos por la venerable Roma antigua, en resumen un poder en sus diversas formas mafioso, debería de ser intervenido por el pueblo a la mínima demora. El nauseabundo mundo que nos construyeron la mafia católica, en lugar de la sociedad que se estaba construyendo para nosotros por la antigua nobleza (nobleza de hecho, que no de dicho o de derecho como las que después hubimos de padecer), esta inconmensurable trampa católica, deberíamos acabar con ella si es que nos resta algo del sentido de la dignidad y hombría de bien. Y si fuese necesario, incluso a sangre y fuego, como por ejemplo cuando los católicos, sirviéndose a tales efectos de los hombres de iglesia disfrazados de angelitos (con su falsa mansedumbre de corderos), encendieron hogueras para aterrorizarnos y someternos al pueblo a la moderna esclavitud, en la que no necesitan estar constantemente con el látigo y sus perros guardianes sobre nosotros; pero que no dejan de estar, incluso de formas crudelísimas y muy cruentas, siempre que lo consideraron necesario para someternos a sus intereses fascistas (estos mafiosos).

Deberíamos tomar el poder a fin de obrar al modo en que se hizo en el imperio inca de Atahualpa; sin moneda que propicie la corrupción al modo actual y mediante la restricción más severa de la propiedad privada. Gobernarnos por nosotros mismos (el pueblo) y obrar también a modo de cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, a fin de construir seguridad y bienestar generalizados, en un nuevo orden sin perros guardianes de ningún orden plutocrático que nos golpean e incluso asesinan si no nos sometemos de buen grado a la moderna esclavitud, basada en sus latrocinios y demás arbitrariedades abusivas a nuestra costa, y siempre recubierta de legalidad la más cínica y absoluta corrupción. Volviendo a nacionalizar todo cuanto deba ser público (no mi coche ni mi mujer, y todavía menos mi reloj de pulsera; eso que les quede bien claro a quienes como yo defienden la propiedad privada, en su justa dimensión...), a fin de que no pueda seguir habiendo amos de lo nuestro (y por tanto nosotros a modo de esclavos).

Preconizo que deben restituirnos el poder al pueblo y sino que deberíamos de arrancárselo nosotros; pero entonces habría que ajusticiar como se hace en tiempos de guerra a los rebeldes en contra de nuestra soberanía popular. Los miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado fascista al uso y poderes afines, tendrán que avenirse a nosotros (militares, policías, la misma judicatura...), para que nosotros, mediante el gobierno desde las asambleas que preconizo, decidamos a quienes adoptamos o no para el gobierno de las leyes o para jefes militares (desde nuestra política asamblearia y bajo nuestro control; en lugar de permitirles continuar en sus actuales olimpos, desde los que intervienen abusiva, cobarde e impunemente en nuestra contra cuando lo consideran conveniente, generalmente en pro de sus intereses fascistas, pero casi nunca a favor del pueblo oprimido). Y aquellos que no acaten así nuestra orden de retirarse de los actuales poderes fascistas al uso (militar, judicial, político...), o quienes intenten oponerse, deberían ser condenados a muerte y llevar a cabo tan ejemplarizante castigo, ya que no tenemos por qué seguir soportando una historia regida por mafiosos ni asesinos potenciales que, propiciando la corrupción de la auténtica sociedad de derechos, vivan como lo hacen a nuestras expensas.
  • El que no se entregase o sometiese voluntariamente a nosotros, para que nosotros mismos construyamos pacífica y conjuntamente con gentes de buena voluntad nuestro orden social, en pro de un mejor futuro generalizado, debería de ser tratado con la hostilidad propia de un enemigo.
  • Pero no sólo los fascistas, sino que también los cobardes que no estén a todo tipo de guerra en contra de nuestros enemigos declarados; guerras como no las hubo jamás, que deberían consistir desde el acoso a ellos y sus retoños y demás familiares que no se desliguen de estos fascistas a fin de posicionarse con nosotros; hasta el veneno en aguas y alimentos, el puñal y todo tipo de armas posibles, agua y aceite hirviendo, trampas letales de todo tipo, incluidas las manos desnudas bien utilizadas a tales efectos cuando no hubiese otra alternativa. Repito que en contra de ellos como de sus retoños y demás familiares que quieran seguir beneficiándose de este abusivo orden mafioso, porque en ello va también el futuro de nuestras crías, que se merecen otro sistema político que el que nos deparan todos estos criminales disfrazados de gente bien, que se nutren abusivamente del sudor o sangre ajenos (pues el sudor también es sangre o vida), aparte de las vidas que nos arrancaron cruentamente desde su predominio a lo largo de la historia.

No dudéis que con más motivo que sus diversas guerras de piratería superior a cargo del erario público, procede nacionalizar por nosotros la banca y reconvertirla para gestionar convenientemente la asignación de medios humanos y tecnológicos para lo que proceda realizar, como para el control de la asignación de bienes y servicios acordemente a las prestaciones de cada cual al resto social (según mi tesis). Así como la devolución al pueblo de tierras, aerolíneas, eléctricas, telefónicas, ferrocarriles, grandes superficies y todo tipo de servicios indebidamente privatizados. Entiendo que deben devolvérnoslos de buen grado a los que sin duda somos el propietario natural (nosotros el pueblo soberano), que sino deberíamos enseñorearnos de todo ello usando de la más extremada violencia contra quienes se opongan, como un hecho de plena justicia (más justo esto que preconizo, que todas las guerras piratas por estos fascistas, incluidas las antiguas cruzadas en contra del rico oriente. Deberíamos acabar con estas mafias de criminales disfrazados de gente bien, que se amparan en no sé qué legalidad, que yo por mi parte les niego con toda radicalidad).