domingo, 14 de octubre de 2012

Alimentamos un poder fascista

Vean estos trabajos sobre el homicidio de Juan Martínez Galdeano, mediante una paliza de muerte, aplicada cobardemente (en grupo, con armas antirreglamentarias y fuera del alcance de las cámaras; por lo que también cabe suponer que fuese asesinato), por perros guardianes del "statu quo" (que no de una sociedad de derechos auténtica, hecho del que ya no debería de caber a nadie duda alguna):
<Una paliza fuera del alcance de las cámaras>;
<Alucinante sentencia para el "caso Roquetas">;
<El principal acusado del caso Roquetas dice que Martínez Galdeano recibió "el trato más exquisito que se puede dar"(!)>.

Si en vez de mirar para otro lado ante hechos tan graves; si en vez de haberle conferido impunidad al caso, se les hubiese plantado cara seriamente a quienes así obraron y a la judicatura que les confirió la impunidad a estos nauseabundos y cobardes hechos (que no son sino que un terrorífico y criminal abuso de autoridad, por miembros de los mismos cuerpos y fuerzas de seguridad de un estado netamente fascista, que hace tan sólo un par de fechas celebraron su fiesta nacional con las manos cubiertas por guantes blancos. Toda una simbología que a mí no me oculta que debajo las tienen históricamente cubiertas del rojo de la sangre de los explotados, o incluso asesinados por estos cooperantes al servicio fascista, por mucho lavado de cara que se hayan hecho para emprender esta última etapa falsamente democrática que nos toca padecer), entonces quizá no hubiéramos sufrido más de lo mismo, de forma se podría decir que sistemática:
<Malos tratos por Mossos d'Esquadra en comisaria de Les Corts (vídeo)>;
<Torturas y malos tratos impunes en las comisarías del Estado Español?>;
<La negación de la tortura>;
<Varios detenidos del 15M interponen denuncias por "malos tratos">;
<Abogados del 15M han interpuesto 4 denuncias por malos tratos en comisaría>.

Otra cosa bien distinta se les hubiera debido exigir a las organizaciones e individuos de izquierda que, mirando hacia otro lado, han aceptado la conversión de éste y otros temas en innombrables tabúes -mediante procedimientos maccarthistas-, bien sea para evitar posibles consecuencias o como malvados encubridores. En estos casos lo justo es dudar de la autenticidad de cualquiera de sus discursos, pues ni la justicia ni la moral futuras se podrán alcanzar sin combatir las lacras de la sociedad presente. Y entre todas ellas, desde luego que numerosas, pocas pueden competir en iniquidad con la práctica de la tortura; aunque tampoco con el latrocinio de lo nuestro, tal y como de alguna manera se explica a continuación: <Cómo nos roban los bancos (vídeo)>.
  • Y hallé en Internet otro interesante vídeo de denuncia (infructuosa, pues los temporales pasan, cosa sabida por los cucos mayoritarios en las más diversas instituciones de los estados capitalistas occidentales): <La niña Severn Suzuki, que el 3 de junio de 1992 con 12 años silenció al mundo durante 6:32 minutos (en vano)>. Me imagino que «para quienes se encargan de hacer efectivo nuestro destino ("aquél que a ellos se les pone en las pelotas")», habrá sido poco más que suave y refrescante siroco, poco más que nubecillas de arrebol soleadas por tan luminosa niña.

No tenemos políticos en los parlamentos o gobiernos de occidente (¡ojalá que los tuviéramos!), sino mafias. Si tuviésemos gobernantes, quizá entre otras muchas actuaciones loables, se hubiera invertido en todo tipo de infraestructuras europeas de forma honesta, al modo en que se viene haciendo en China; en vez de invertir para manejar fondos del estado de forma corrupta en las más diversas naciones (feudo de politicastros), pensando no en prestar un servicio público, sino en el enriquecimiento mafioso de quienes ocupan las más diversas instituciones del estado y de sus colaboradores o allegados. Y ello al modo del grande y astuto ave que hace que a ella y a sus hijos los alimenten las ingenuas y pequeñas avecillas; es decir, al modo del Cuco. (No tenemos una unión política europea, porque así lo quisieron este nuevo tipo de señores feudales, que hicieron todo para que así fuera). A continuación ilustro tan sólo un hecho de lo que se viene haciendo en China (y pese a que los obscurantistas hagan creer a muchos que el régimen chino es horrible, en base a los hechos por mí conocidos es algo que yo no creo ni remotamente):
<China lanzó tren bala estrella a precios populares (texto y vídeo)>;
<Tren de alta velocidad en China ofrece precios más bajos (vídeo)>;
<Trenes de alta velocidad chinos aminorarán la marcha (vídeo)>.
Y prefiero no ilustrar nada lo que se viene realizando en nuestra contra por quienes dicen representarnos, porque es tanto y tan sabido que considero que no vale la pena tomarse el trabajo; y menos aún si lo es con voluntad de limitarse a hacer mera crítica sobre crítica, por muy objetiva que ésta pueda ser (para mí es llegado más bien el momento de hechos que oponer a tanto abuso).

Se debe ir a un partido único al modo chino (pena de muerte incluida: a fin de quitarse de en medio a los grandes corruptos «para evitar el grave daño que la corrupción a esos niveles acarrea al resto de la ciudadanía»; pero para gobernarnos por nosotros desde la asamblea; en la plaza pública inclusive el gobierno de las leyes, al modo en que lo preconizo en alguno de mis anteriores trabajos); pues con respecto a la sobreabundancia de partidos (no me atrevo a decir que políticos al modo en que vienen haciéndolo incluso los considerados como más sabios), no le resto la razón que le asiste a Julio Anguita cuando asevera que tenemos demasiados partidos: él dice que políticos (¡ja!, ¡ja!). Aseverar que lo que tenemos en los parlamentos occidentales son partidos políticos, supone denigrar a la política como el arte que debiera ser del buen gobierno, ya que no cabe denominar de políticos a quienes en realidad son mafiosos. Y la política -como el resto de las instituciones del estado-, deberemos llegar a tenerla bajo control popular, suponiendo que en realidad queremos llegar a ser libres y no seguir sobre-alimentando a más parásitos (están gordos de sobra todos estos criminales; estos cucos. Fascistas, por mucho que se disfracen de lo que en realidad no son).