sábado, 17 de noviembre de 2012

Los fascistas contraatacan

Creo que me están amenazando psiquiátricamente. Ayer efectuaron a mi teléfono varias llamadas (desde el Telf. 963 408 049), que cuando descuelgo no responden. Y ello entiendo que apunta en esa dirección.

Me explico: Hace alrededor de 30 años me impusieron un sedante (la máfia médica, en el Hospital Álvarez Buylla de Mieres, Asturias), como para tumbar a un elefante. Y ello atendiendo indicaciones de la mafia judicial (como si dijéramos, por orden judicial. Lo que resulta espeluznante, al tiempo que clarificador sobre el tipo de medicina que padecemos: Medicina para esclavos -no se trata de esa medicina hipocrática que juran al titularse, sino la que sirve para enriquecer, a costa del erario público, a farmaindustria y obtener ellos parte de ese latrocinio: Con el tómese usted esto, venga usted pasado mañana, ¿se encuentra usted bien?, pues a trabajar para engordar a nuestros parásitos: Parásitos que a nosotros nos tienen muy bien considerados por nuestros servicios a su favor, que gustosamente prestamos en vista a los beneficios, sin importarnos para nada nuestro juramento en pro de la auténtica medicina; la que sin hacer milagros obra milagros, la que hemos jurado en vano, la que damos de lado impunemente. Todavía recuerdo que Aznar había prometido importantes reformas en ese sentido, que después quedaron en la miserable burla de los genéricos, me imagino que a cambio de mucho dinero para sí y sus acólitos). Mafia (la judicial), contra la que previamente había manifestado mi desacuerdo por su proceder, al paso de mi salida de visitar al agente judicial (al que fui a ver inmediatamente después de recoger una citación en Correos, al lado de los Juzgados). Todo ello con motivo de un caso de agresiones reiteradas contra mi persona, por un vecino alcohólico al que había denunciado hasta tres veces, infructuosamente, ante la Guardia Civil; por lo que acabé mandándolo al hospital en un último intento por él de agredirme. (Y después se me perdonaba por el juez el haberme defendido, por lo que indignado manifesté que la culpa era de ellos por haber desatendido mis denuncias previas al enfrentamiento, motivo de la mencionada citación: Como asimismo fue culpa de ellos el homicidio por mí en Gijón, cuando atendía a mi compañera de entonces, que se ocultaba en mi vivienda para protegerse del proxeneta que la explotaba con suma violencia, sabedora de que denunciarlo si seguía mis consejos no serviría de nada y además después el proxeneta la iba a maltratar todavía de peor forma. Estos mafiosos que nos vulneran nuestros derechos y nos dejan en el máximo desamparo; para proteger los suyos son veloces como el rayo, en cuanto para perseguir sus latrocinios o los latrocinios de los que no dudo obtienen participación, las tortugas a su lado parecen galgos). Y estando en ese sufrimiento por dicho abuso psiquiátrico, vi en dicho hospital la muerte de una señora a la que, la tarde/noche anterior, le habían inyectado medicación de ese tipo: de lo que gustosamente hablaré más adelante relacionado con el criminal proceder por la psiquiatría en ciertos centros y/o psiquiátricos. Pues no me van a acallar estos hijos de la Gran ramera (la Roma moderna, el mundo católico).

Como ayer llamaban de forma reiterada sin responder, me cagué en sus putos muertos, aseveré que fueron demasiado pocos: con motivo de que de la especie a la que barruntaba que pertenecían no hubiera debido quedar ninguno; les llamé cobardes: aseverando que esa forma de proceder era cobarde y que si algo tenían a favor o en contra mío, lo correcto era llamar para expresarse, en vez de proceder como lo hacían. Y me despedí con un "me cago hasta en la puta madre que os parió, cabrones, a ver si dejáis de tocar los cojones de una puñetera vez". Después me quedé tan pancho hasta hoy en que, con tiempo y ganas de saber la procedencia de las llamadas (que podrán comprobar pinchando sobre el número de arriba), entiendo que encierran o conllevan amenazas encubiertas, de cuya ejecución supuestamente se encargaría la mafia médica (a no ser que apunten a querer validarme y dejarme sin pensión de invalidez). Pero como podéis ver no voy a callar.

Sé perfectamente lo que son los sedantes y el enorme sufrimiento que implican cuando se utilizan a tales efectos (por banderilleros). También sé cómo se usa por los más diversos estados de la psiquiatría: para anular e incluso asesinar a sus oponentes, pero no voy a callar lo que considero la única alternativa realmente inteligente al sistema fascista que padecemos el pueblo real (el actual sistema capitalista pensado para beneficio de todos esos falsos populares que dicen representarnos desde el ámbito de la política, gestión bancaria, etc., etc.).

Yo sé perfectamente que no valgo para convivir entre el vulgo enfermo por la alienación, y es por ello que no tengo prácticamente vida social alguna, como forma de que mis nervios estén tranquilos sin necesidad de medicación psiquiátrica que me atonte y acorte sustancialmente la vida. Prefiero esto, ya que convivir con este tipo de gente supondría para mí tener todo el tiempo la cabeza a vueltas: Envenenado por la insania y en una especie de delirio esquizofrénico, que me impediría poder pensar entregado a la cosa que a mí me motivase, a fin de obrar lo más acertadamente posible desde mis limitaciones personales: para por ejemplo poder escribir algo así, guisar mis alimentos, etc.

De mi originalidad que no quepan dudas. Ni Anguita ni ningún otro, pese a sus titulaciones (historiadores, economistas, etc.; pero no filósofos, y hay que ser filósofo independiente y libre para estas cosas), preconizan como yo cambiar el sistema político. Que más que los individuos es, este anciano sistema que economistas como José Luis Sampedro entre otros reconocen que no surte a los efectos sociales para los que supuestamente se lo emplea (cada uno emplea para ello sus propios términos, pero vienen a decirnos esto), y nos predican la no violencia: Como si ésta fuese una herramienta válida en contra de quienes ejercen violencia institucional en nuestra contra, ignorante de que las malas acciones provienen de los poderosos y de los virtuosos -sin moralina, ¡eh!- y que sólo los débiles consienten. Y el pueblo, en esta larga actualidad católica, no hay duda de que estamos en estado de máxima debilidad, por habernos dejado desarmar, tanto bélica como doctrinalmente).
  • Mientras no acabemos con el dinero como factor de intercambio, no podremos frenar la corrupción y crímenes de todo tipo que por su existencia se continuarán cometiendo en todo tiempo.
  • Y esta es mi aportación para con el resto realmente social. Que no para los mafiosos disfrazados de gente bien, a los que sin duda mis tesis les disgustarán enormemente y por ello quizá me esté jugando la vida. Pero que le voy a hacer, si como Cristo estoy dispuesto a sostener la verdad, aunque ello me cueste la vida.