domingo, 9 de junio de 2013

La verdad nos hará libres

Para gobernar al pueblo, los esclavistas necesitan de las religiones. Por contraposición; para el pueblo gobernarse a sí mismo, nos sobran las religiones.

Sólo hay una verdad Física de la que debería de nutrirse todo ser religioso, consecuentemente todo ser inmaduro desde la perspectiva de una auténtica formación (creencia no es ciencia, ni de lejos). Y esa verdad es aquella que se recoge en el pensamiento del eterno retorno (que implica incluso la moderna teoría del "big bang"). De ahí que, sabedores de esta verdad filosófica ya desde antiguo, los esclavistas nos impusieran dogmas religiosos para quitarnos la luz que ellos poseían al respecto; para castrarnos intelectualmente y así tener a su servicio rebaños, y a ellos como amos de lo que como rebaños grasosos y ofrecidos les producimos.

Y no nos dejemos engañar por aquellos intelectuales que se declaran católicos y se fingen creyentes, porque no lo son ni remotamente. Mienten como bellacos, porque no son realmente populares ni creyentes y a los de abajo nos quieren realizando las labores más embrutecedoras, mientras que ellos se espiritualizan y forman para encumbrarse en nuestras nada igualitarias sociedades de acá o de acullá. En resumen: nos quieren esclavos y subordinados.

Y pregunto: ¿Adónde va a parar toda nuestra libertad, si no acabamos con los amos de lo nuestro -los amos de lo que producimos-, obligándoles a restituirlo? Ya no digo el dinero o factor moneda, con el que preconizo que se debería acabar según tesis expresadas en anteriores trabajos: y ello para que no les sirva de nada cuanto nos robaron a lo largo de generaciones, tras someternos a la moderna esclavitud por el terror y el crimen (por supuesto que a modo de constante histórica, a efectos de desposeernos de las libertades que el pueblo habíamos alcanzado en los buenos tiempos antiguos, a base de mucha hombría y saber hacer; a base de la sangre y valor derrochados en tiempo de los griegos y romanos de la antigüedad clásica). Ahora la sangre la derrochamos, incluso cobardemente, para enriquecer a las mafias del poder.

Es por ello que, todo lo que no sean bienes y servicios bien merecidos, debería llegar a ser público a la mínima demora. Pues los que hemos llegado a ser hombres, no queremos más amos de lo nuestro; sino que queremos trabajar en sociedad para nosotros, y no para ningún hijo de la más grande ramera jamás habida u otras sedes "espirituales" de similar cuño: algunas incluso mucho más antiguas, incluida la gran maestra de la Roma moderna.
  • Y para entendernos con respecto a los bienes y servicios bien merecidos: léase casa, coche, restauración gastronómica y de todo tipo de objetos de uso personal, derecho a desplazarse según las necesidades reales de cada cual en medios que deberían ser estrictamente públicos: cual aerolíneas o ferrocarriles; etc.

No queremos seguir engordando hasta extremos a esa otra plaga (del tipo de las langostas, sanguijuelas o vampiros) que, desde perspectivas religiosas, en vez de espiritualizarnos, nos infantilizan. Si la realidad Física, regida por leyes físicas, es infinito y eternidad y... en el infinito y la eternidad "El eterno retorno de todas las cosas": en lo grande como en lo pequeño, en física como en biología y en las cuestiones anímicas inherentes al crecimiento espiritual de los seres inteligentes... y esto ya lo sabían los antiguos (aunque no previeron los adelantos tecnológicos que posiblemente ya impliquen tecnologías OVNI para muchos otros planetas habitables de todas y cada una de las galaxias); no es de extrañar que queriendo a las masas aborregadas para servirse de ellas para su seguridad y bienestar, nos impusieran y sigan imponiendo por todos los medios a su alcance el obscurantismo mediático-religioso; así como sus falsas democracias parlamentarias, por las que burlan la democracia real que nos posibilitaría defender efectivamente nuestros intereses políticos.

Nadie que realmente quiera al pueblo libre lo quiere obscurecido por religiones u otras basuras espirituales: por nada que no sea ciencia. Porque sólo tenemos verdad en la medida en que tengamos ciencia auténtica y no la manipulada por seudo historiadores y otros seudo científicos al servicio del "Statu Quo" fascista universal (en su mayor parte simples ganapanes, asnillos más o menos famosos de los ungidos con arreos de plata u oro en las diversas sociedades regidas por el sistema totalitario capitalista imperante, que se dicen libres únicamente por expresar verdades de Perogrullo, pero que no pasan de comparsas lameculos del sistema capitalista, al que actualmente se dan a solicitarle que abra un poco más la mano de cara a ellos).

Tampoco creáis a quienes pretendan gobernarnos y al tiempo se declaran religiosos, ya que tampoco son realmente demócratas (como por ejemplo ese gran analista político argentino que es Adrián Salbuchi). Quienes realmente quieran al pueblo, habrán de querer transferirle el poder político para que se gobierne desde las asambleas, en vez de querer gobernarle ellos. Mucho cuento, pero aquí lo que procede es querernos hombres en un futuro lo más cercano posible (por tanto ayudarnos a superar, en nuestra descendencia, nuestras actuales y considerables carencias o ignorancia producida por los genios, tan productiva para los poderosos); y ello a efectos de gobernarnos por nosotros, efectiva y eficazmente: por tanto sin delegar el poder político en ningún tecnócrata listillo de los que pretendan mejorar el "Statu Quo", como si no fuera posible una democracia auténtica que oponerle al sistema capitalista y su falsa democracia parlamentaria.
  • Con respecto a lo dicho sobre Adrián Salbuchi, es porque no quiero ser cauto como él; porque remitiéndome a un conocido dicho coloquial: «no quiero que nadie me dé el pez para que pueda comer, sino que se me enseñe a pescarlo para pueda comer y vivir de forma óptima, sin necesidad de tener que depender de otros a tales efectos». (Pan para hoy y posible hambre para mañana, porque en ese mañana pueda volver a dominar la parte mafiosa que tanto abunda y que tan ansiosa está de volver a es-cla-vi-zar-nos.)
  • Dicho de otra forma: Me es lícito querer y quiero, que todos aporten su lomo para las actividades estrictamente positivas para el bien común; la eliminación toda actividad superflua del marco social, de la economía bien entendida: para que cada cual viva, única y exclusivamente, en función de sus merecimientos (a cambio de sus prestaciones para con el resto social -los deberes cumplidos como la única moneda que deberíamos reconocer a efectos del intercambio o disfrute de bienes y servicios-); y no permitir, bajo ningún concepto de respecto a presupuestos que no nos convengan: porque sean en realidad antisociales (por ejemplo, la propiedad privada debería ser severamente restringida, por lo que de explotación en pro de esclavistas supone), que nadie viva a cambio de actividades que nada aportan al resto social, ni por lo que se nos esté robando o hayan robado ellos o sus papitos (cosa que me imagino que les suena). Y así poder disponer cada cual, en lo posible, de mucho tiempo libre para su formación en la praxis política (en vez de permitir continuar siendo de-construidos el pueblo por la alienación); praxis política que implicaría la formación por el arte auténtico, la asamblea, la iglesia educacional laica de liberación popular y, sobremanera, mediante múltiples y luminosas festividades paganas y deportivas, según el calendario que a tales efectos preconizo. Y ello a fin de poder decidir nosotros (el pueblo) con respecto a la filosofía que en la praxis queramos vivir (y conservar) como ente intelectual en vez de aborregados, al tiempo que como fuerza y cuerpo de seguridad del estado; cualificada y por tanto capacitada, tanto para imponer esa filosofía práctica que queramos, como para mantenerla en el tiempo para beneficio del todo social (en vez de como esclavos de las elites de nuestras tan solo supuestas sociedades de derecho).

Al respecto se requiere de una revolución espiritual que genere un mundo nuevo, un mundo que conlleve una humanidad más sabia y humana, únicamente posible si se la forma en la praxis política. Revolución por la que los de más abajo podamos superar el estado de obscuridad e indefensión debidos al poder de manipulación mediático y religioso fascistas (que se nos imparte por los más diversos estados a efectos de mantenernos desarmados doctrinal y bélicamente, y consecuentemente esclavos sin que nos percatemos de serlo). Y ella debe serlo en pro de que una sana y bien informada intuición permita manifestarse en nosotros el pensamiento de El Eterno Retorno, para decirnos cuál es en verdad nuestra realidad física, en la medida en que maduremos intelectualmente y de capullitos pasemos a ser flor. (Intuición propia; en vez de invalidados para poder pensar e intuir por nosotros mismos, por cuentistas que para hacerse creíbles utilizan de una pompa y boato impresionantes.)

Por tanto se requiere acabar con los cuentos de todos esos criminales del espíritu al servicio del "Statu Quo" que, o bien operan a modo de gerentes del para ellos productivo consorcio del cielo en la tierra y nos quieren desarmados doctrinalmente (propiamente aborregados para podernos trasquilar impunemente como a ovejas y bo-rre-gos), o que simplemente pretenden estar por encima de los de más abajo, como peones de alguna manera documentados, a cambio de migajas o mendrugos en la mayor parte de los casos. La pucha que los tiró a todos esos miserables.